08 Mar 2008
Quisiera que supieran que la visión de esta iniciativa era contarles –y por supuesto a ti, hija mía- de forma paulatina y cronológica la inconmensurable experiencia de la paternidad que diariamente experimento. Sin embargo es oportuno disculparme con ustedes por el súbito divorcio que evidencia este post de la idea original.
El ahora es un momento muy especial. Es toda una revolución batallada con cambios muy profundos en mi vida que con ilusión enfrento esperanzado en cosechar los frutos en el futuro mediato. Las cosas cambiaron Ana Flavia, me mudé a otra ciudad y con mi partida he redescubierto que mi mundo gira en torno al tuyo, como la tierra alrededor del sol. Es por eso que de mi nostalgia ha surgido la imperiosa necesidad de escribirte hoy.
Nunca antes hablé de esto pero fue muy difícil separarme de tu madre, había construido alrededor de ustedes una idílica fantasía tallada a la medida de mis esperanzas. El proyecto familiar soñado que fue telúricamente destruido. Lo más complicado del proceso fue separarme de ti, separarme de tus besos, de tus juegos, de tu amor del que bebí a diario, de tu sonrisa que me recibió todas las noches al llegar a casa. Ha sido difícil desde entonces, complicado hacerme la idea de vivir separado de ti, imposible acostumbrarme a visitarte por momentos en un ambiente nuevo - tuyo y de tu madre – en el que me siento extraño, perdido.
Me pregunto a diario si notaste mi ausencia, si sientes la misma sensación de vació que llena mi pecho por las noches, si cuando piensas en mi –como yo lo hago en ti- te ahoga ese nudo en la garganta que no me deja hablar y tus ojos rebalsan de nostalgia como lo hacen los míos al recordarte abrazándome con aquella mágica energía. Hay quienes dicen que a tu cortísima edad –recién cumpliste 2 años hace unos días- no te das cuenta del significado de mi ausencia en casa, me niego a aceptar que nuestros momentos juntos no han marcado tu vida como lo han hecho con la mía.Quisiera saber si me extrañas hija, si recuerdas todas esas pequeñas cosas en las que pienso cada instante. Muero por correr persiguiéndote alrededor de la mesa del salón de la casa, por saltar sobre la cama viendo tus ojos llorosos de tanto reír. Quisiera pensar que también extrañas las cosas que compartimos, que cada vez que llaman a la puerta por las mañanas piensas que soy yo que vengo por ti para llevarte al colegio. Que tomados de la mano esperamos en la acera mientras eliges el taxi que debo tomar y que al llegar me llevas –aun de la mano- hasta tu salón de clase donde se exhiben en las paredes tus coloridos progresos. Y las visitas a casa de los abuelos, ellos también soñaron un presente distinto y lamentan -tanto como yo lo hago- la distancia que la vida puso entre nosotros. Han sido cortos nuestros momentos pero inagotables las sensaciones que dejas en nuestras vidas cada vez que colmas la casa con tu jubilosa presencia.
Envidio a tu madre, que forma parte de tus días, que disfruta de tus momentos, que te protege de los miedos, que observa tus adelantos y aprehensiones, que recorre de tu mano el camino que yo anhelaba mostrarte para que llegues a salvo. En cambio yo soy apenas unos segundos al teléfono, esa voz que escuchas en aquel aparato cuyo funcionamiento aún no descubres y al que consideras apenas un juguete circunstancial. Se vienen a mi mente tus palabras, en ese idioma que solo nosotros entendemos y que hemos construido mezclando afecto y alegría.Calculo las horas en las que inequívocamente estarás con tu madre - generalmente a la hora del almuerzo o por las noches cuando termina tu día para llamarte a su teléfono móvil esperando hablarte. Casi siempre tengo suerte y puedo escuchar alguna tímida frase con la que me acarician tus labios. Me pregunto porque en el teléfono te muestras menos desenvuelta, usualmente eres muy comunicativa conmigo pero en esas ocasiones casi no me respondes y cuando lo haces son respuestas lindas pero asistidas por tu madre. Imagino pequeña, lo complicado que será imaginar que soy yo la voz en el teléfono, esa voz que insiste en recordarte que te ama y te extraña, esa voz que pregunta por tus juegos, si comiste la “papita” o si viste tus programas favoritos en TV, pero cuando descubras el núcleo del asunto y comprendas que del gracioso aparato con el que juegas depende nuestro acercamiento habitual quedarás convencida de que estuve ahí cada día de tu vida, al otro lado de la línea esperando que me bendigas con uno de tus “te amo papito”.
Finalmente hija mía, continuo esperando que el tiempo nos conduzca por nuevos caminos, de esos que podremos recorrer de la mano como lo hacíamos cuando estábamos juntos. Ilusionado sueño con un futuro nuestro lleno de cariño, de momentos felices, de anhelos cumplidos, de comprensión, de ti y de mí. Mientras tanto, cada vez que mires al cielo –aquel que nos une en su inmensidad- y veas una estrella, debes saber que es mi amor…que te sigue y cuida de ti.
El ahora es un momento muy especial. Es toda una revolución batallada con cambios muy profundos en mi vida que con ilusión enfrento esperanzado en cosechar los frutos en el futuro mediato. Las cosas cambiaron Ana Flavia, me mudé a otra ciudad y con mi partida he redescubierto que mi mundo gira en torno al tuyo, como la tierra alrededor del sol. Es por eso que de mi nostalgia ha surgido la imperiosa necesidad de escribirte hoy.
Nunca antes hablé de esto pero fue muy difícil separarme de tu madre, había construido alrededor de ustedes una idílica fantasía tallada a la medida de mis esperanzas. El proyecto familiar soñado que fue telúricamente destruido. Lo más complicado del proceso fue separarme de ti, separarme de tus besos, de tus juegos, de tu amor del que bebí a diario, de tu sonrisa que me recibió todas las noches al llegar a casa. Ha sido difícil desde entonces, complicado hacerme la idea de vivir separado de ti, imposible acostumbrarme a visitarte por momentos en un ambiente nuevo - tuyo y de tu madre – en el que me siento extraño, perdido.
Me pregunto a diario si notaste mi ausencia, si sientes la misma sensación de vació que llena mi pecho por las noches, si cuando piensas en mi –como yo lo hago en ti- te ahoga ese nudo en la garganta que no me deja hablar y tus ojos rebalsan de nostalgia como lo hacen los míos al recordarte abrazándome con aquella mágica energía. Hay quienes dicen que a tu cortísima edad –recién cumpliste 2 años hace unos días- no te das cuenta del significado de mi ausencia en casa, me niego a aceptar que nuestros momentos juntos no han marcado tu vida como lo han hecho con la mía.Quisiera saber si me extrañas hija, si recuerdas todas esas pequeñas cosas en las que pienso cada instante. Muero por correr persiguiéndote alrededor de la mesa del salón de la casa, por saltar sobre la cama viendo tus ojos llorosos de tanto reír. Quisiera pensar que también extrañas las cosas que compartimos, que cada vez que llaman a la puerta por las mañanas piensas que soy yo que vengo por ti para llevarte al colegio. Que tomados de la mano esperamos en la acera mientras eliges el taxi que debo tomar y que al llegar me llevas –aun de la mano- hasta tu salón de clase donde se exhiben en las paredes tus coloridos progresos. Y las visitas a casa de los abuelos, ellos también soñaron un presente distinto y lamentan -tanto como yo lo hago- la distancia que la vida puso entre nosotros. Han sido cortos nuestros momentos pero inagotables las sensaciones que dejas en nuestras vidas cada vez que colmas la casa con tu jubilosa presencia.
Envidio a tu madre, que forma parte de tus días, que disfruta de tus momentos, que te protege de los miedos, que observa tus adelantos y aprehensiones, que recorre de tu mano el camino que yo anhelaba mostrarte para que llegues a salvo. En cambio yo soy apenas unos segundos al teléfono, esa voz que escuchas en aquel aparato cuyo funcionamiento aún no descubres y al que consideras apenas un juguete circunstancial. Se vienen a mi mente tus palabras, en ese idioma que solo nosotros entendemos y que hemos construido mezclando afecto y alegría.Calculo las horas en las que inequívocamente estarás con tu madre - generalmente a la hora del almuerzo o por las noches cuando termina tu día para llamarte a su teléfono móvil esperando hablarte. Casi siempre tengo suerte y puedo escuchar alguna tímida frase con la que me acarician tus labios. Me pregunto porque en el teléfono te muestras menos desenvuelta, usualmente eres muy comunicativa conmigo pero en esas ocasiones casi no me respondes y cuando lo haces son respuestas lindas pero asistidas por tu madre. Imagino pequeña, lo complicado que será imaginar que soy yo la voz en el teléfono, esa voz que insiste en recordarte que te ama y te extraña, esa voz que pregunta por tus juegos, si comiste la “papita” o si viste tus programas favoritos en TV, pero cuando descubras el núcleo del asunto y comprendas que del gracioso aparato con el que juegas depende nuestro acercamiento habitual quedarás convencida de que estuve ahí cada día de tu vida, al otro lado de la línea esperando que me bendigas con uno de tus “te amo papito”.
Finalmente hija mía, continuo esperando que el tiempo nos conduzca por nuevos caminos, de esos que podremos recorrer de la mano como lo hacíamos cuando estábamos juntos. Ilusionado sueño con un futuro nuestro lleno de cariño, de momentos felices, de anhelos cumplidos, de comprensión, de ti y de mí. Mientras tanto, cada vez que mires al cielo –aquel que nos une en su inmensidad- y veas una estrella, debes saber que es mi amor…que te sigue y cuida de ti.
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