17 Nov 2007 - 01:34:18
Seré padre¡...la noticia.
Hubiera querido poder contarles que un día llegué a casa, donde mi amada esposa me esperaba con la feliz noticia. Serás padre! me diría mientras suavemente recorría su vientre con las manos y con lágrimas en los ojos aún abriríamos una botella de vino -de aquellas costosas que sólo se abren en ocasiones especiales- para celebrar que llegó el momento que por años esperé.
La realidad era que ni tenia casa propia, ni una amada esposa, ni la noticia era feliz. Todo lo contrario. Una llamada telefónica con agónico tono de temor y preocupación mezclados, una relación de años en su peor crisis y 300 Km de incertidumbre sobre un futuro que por años planeé -y que veía desvanecerse en segundos- fueron la banda sonora de la película de terror en que se convertía mi vida en ese instante. Así me enteraba que sería papá.
Recuerdo haber tardado algunas semanas en poner en orden mis ideas luego del caos provocado por el impacto de tamaño anuncio. Era momento de hacerme la idea de un cambio radical de planes, momento de replantear mi idea de futuro y enfrentarlo en función al concreto presente. Pronto sería padre y formaría una familia.
Pasaron los días y luego de poner en orden algunas cosas -propias de la solteria, inapropiadas para mi nueva vida- comencé a planear el escenario para la llegada de mi bebe. Habían muchas cosas que hacer y tan poco tiempo para hacerlas que debería correr. Parecía un sueño - una pesadilla por momentos - en solamente unos días mi vida habia cambiado tan brúscamente que me sentía un extraño en ella.
Cada uno tiene su idea de la paternidad y por lo tanto fue complicado ponernos de acuerdo en casi todo. Hubo polémica en cosas tan absurdas como acertar el sexo por ejemplo, todos en ejercicio de sus facultades psíquicas creen tener elementos para reconocer -por la forma de la barriga o por cualquier otro antojadizo motivo- si será varón o mujercita. Yo quería un varoncito, mi primogénito, siempre lo imaginé de ese modo. Era lógico, mi experiencia con mi padre ha sido tan buena que era mi deseo -lo es aún- vivirla desde su perspectiva.
Todo mis amigos apostaban que sería mujer. De serlo, con ella las pagaría todas, decían en alución a mi inmerecida -o merecida tal vez- reputación de mujeriego. Cada quincena esperaba que la ecografía correspondiente confirmara mis anhelos, sin embargo cada quincena se confirmaban mis temores: sería niña.
Confirmado el asunto y hecha la idea que tendríamos una princesa en casa, continuó la polémica para escoger su nombre. Ana Flavia era el escogido, en realidad ya lo tenia claro desde hace muchos años, aunque conforme se acercaba el día del parto más dudas me entraban al respecto.
Por fin todo quedaba listo (aunque los concensos seguian ausentes): el doctor, la clínica, la cuna, el coche, los ropones y mantas, los primeros pañales, el maletín que llavaremos al hospital, los celulares cargados y con saldo para notificar el inicio de los dolores del parto...todo está ok.
Te estamos esperando Ana Flavia...no tardes.
¿Cómo se enteraron que serían padres?...
La realidad era que ni tenia casa propia, ni una amada esposa, ni la noticia era feliz. Todo lo contrario. Una llamada telefónica con agónico tono de temor y preocupación mezclados, una relación de años en su peor crisis y 300 Km de incertidumbre sobre un futuro que por años planeé -y que veía desvanecerse en segundos- fueron la banda sonora de la película de terror en que se convertía mi vida en ese instante. Así me enteraba que sería papá.
Recuerdo haber tardado algunas semanas en poner en orden mis ideas luego del caos provocado por el impacto de tamaño anuncio. Era momento de hacerme la idea de un cambio radical de planes, momento de replantear mi idea de futuro y enfrentarlo en función al concreto presente. Pronto sería padre y formaría una familia.
Pasaron los días y luego de poner en orden algunas cosas -propias de la solteria, inapropiadas para mi nueva vida- comencé a planear el escenario para la llegada de mi bebe. Habían muchas cosas que hacer y tan poco tiempo para hacerlas que debería correr. Parecía un sueño - una pesadilla por momentos - en solamente unos días mi vida habia cambiado tan brúscamente que me sentía un extraño en ella.
Cada uno tiene su idea de la paternidad y por lo tanto fue complicado ponernos de acuerdo en casi todo. Hubo polémica en cosas tan absurdas como acertar el sexo por ejemplo, todos en ejercicio de sus facultades psíquicas creen tener elementos para reconocer -por la forma de la barriga o por cualquier otro antojadizo motivo- si será varón o mujercita. Yo quería un varoncito, mi primogénito, siempre lo imaginé de ese modo. Era lógico, mi experiencia con mi padre ha sido tan buena que era mi deseo -lo es aún- vivirla desde su perspectiva.
Todo mis amigos apostaban que sería mujer. De serlo, con ella las pagaría todas, decían en alución a mi inmerecida -o merecida tal vez- reputación de mujeriego. Cada quincena esperaba que la ecografía correspondiente confirmara mis anhelos, sin embargo cada quincena se confirmaban mis temores: sería niña.
Confirmado el asunto y hecha la idea que tendríamos una princesa en casa, continuó la polémica para escoger su nombre. Ana Flavia era el escogido, en realidad ya lo tenia claro desde hace muchos años, aunque conforme se acercaba el día del parto más dudas me entraban al respecto.
Por fin todo quedaba listo (aunque los concensos seguian ausentes): el doctor, la clínica, la cuna, el coche, los ropones y mantas, los primeros pañales, el maletín que llavaremos al hospital, los celulares cargados y con saldo para notificar el inicio de los dolores del parto...todo está ok.
Te estamos esperando Ana Flavia...no tardes.
¿Cómo se enteraron que serían padres?...
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